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Oportunidades perdidas

Viernes, 25 de Mayo de 2007

Quien vive en Jaén sabe de sobra que nuestra ciudad (por no decir toda nuestra provincia) es una de las grandes olvidadas de Andalucía, y por ende de España.

Buena parte de la culpa la han tenido, históricamente, las infraestructuras no sólo de la ciudad, sino de toda la provincia. Y es cuanto menos curioso que esto ocurra en una provincia que ha sido tradicionalmente la puerta de entrada para todo aquel que visita Andalucía desde el norte.

Y aunque 48 horas en Jaén son demasiado pocas para poder admirar todos los tesoros de la provincia, prácticamente todo el que tiene la oportunidad de visitarnos y perderse por las renacentistas Úbeda y Baeza, por el pulmón de la Sierra de Cazorla, Segura y las Villas, o por las empinadas cuestas y monumentos de la capital, (todo ello, por supuesto, rehogado con el fantástico aceite de oliva oriundo) suele marcharse asombrado de la enorme variedad cultural de nuestra tierra, pero también de lo mal explotada que está.

Por eso, creo que es el momento de prender la mecha del turismo en Jaén. Por primera vez en muchos años, comenzamos a tener unas infraestructuras adecuadas, con la autovía de Mancha Real para los visitantes que se acerquen desde las ciudades Patrimonio de la Humanidad, o con la remodelación del Paseo de la Estación y las futuras rondas de acceso que evitarán (esperemos) muchos colapsos.

Sin embargo, el gran handicap sigue estando en la mentalidad de los propios jiennenses. Pocos recordarán que hace años nuestra ciudad fue galardonada con la escoba de plata por su limpieza. Y seguramente pocos lo recordarán porque, en la última encuesta de la OCU, Jaén fue nombrada la ciudad más sucia de España. ¡Toma ya!

Aparte de la limpieza, otro problema endémico de los jiennenses es que no sabemos valorar lo que tenemos. A mí, personalmente, me parece increíble que con la impresionante Catedral de Jaén y su Santo Rostro, unos de los mejores Baños Árabes de Europa, multitud de restos arquitectónicos como los de Marroquíes Bajos, etc. sigamos sin ser capaces de atraer más turismo que el de negocios, en el que somos número 1 de Andalucía.

Así que, ha llegado la hora de empezar a promocionar el enorme potencial de la antigua Xauen, de hacer de su casco histórico un lugar de atractivo cultural y comercial (aquí, el Centro Comercial Abierto de Las Palmeras tendrá mucho que decir), de apoyar a la Catedral en su camino hacia el Patrimonio de la Humanidad, de convertir nuestra ciudad en un lugar limpio, y sobre todo, de no tirar piedras sobre nuestro propio tejado con decisiones como la de la futura ciudad de la justicia.

Si alguien no sabe de qué le hablo, que vea la siguiente presentación de diapositivas.

Así es, Jaén está a punto de perder una de las mayores superficies turísticas visitables de la ciudad. Por eso me gustaría, desde aquí, pedir a los responsables que, pese a la enorme deuda del ayuntamiento, por esta vez se mire más por el patrimonio y por todo lo que podría ganar Jaén a largo plazo, y así empecemos, de una vez, a aprovechar las oportunidades que el destino nos brinda, que temo que no seguirán siendo infinitas.

Estas obras son de coña

Miércoles, 6 de Septiembre de 2006

Estas obras son de coña. Pero completamente. Y no lo digo por el hecho de que haga meses que no tenemos acera y que haya que ir sorteando las dichosas tablas amarillas. Porque quien piense que las tablas amarillas son para pisarlas, se equivoca, son para evitarlas, porque lo único claro es que bajo ellas o junto a ellas hay grieta y peligro de esguince. O lo que es peor, que se levante por tu propio peso y te dé en la frente.

Pero es que estas obras son de auténtica coña. Y tampoco lo digo porque el día que salí de mi casa dispuesto a hacer el examen de Sistemas de Apoyo a la Toma de Decisiones me encontrara con que en la rampa de mi cochera hubiera una pala aparcada mientras otra se dedicaba a cavar una zanja de la que no habían avisado a los vecinos. Por suerte pude llegar, aunque sudoroso, a pie a tiempo para el examen.

Otro motivo para pensar que estas obras son de coña es el hecho de que se den cuenta demasiado tarde de que han hecho la calzada más alta que los bordillos de las aceras, y no les quede más remedio que raspar todo el asfalto hasta rebajarlo, produciendo nuevos baches y que los coches que suban se rocen los bajos al pasar frente a la Seguridad Social. No, tampoco lo digo por eso.

Digo que las obras son de coña por lo que me he encontrado hoy en las vallas que supuestamente deben proteger a los ciudadanos de las obras.


La primera es cachonda, pero necesita interpretación. Obviando el hecho de que es imposible que quede nadie en Jaén que a estas alturas se considere ajeno a las obras, esta foto requiere un estudio. Está colocada entre la calzada y el pasillo habilitado para que transiten los peatones. Y yo me pregunto ¿a cuál de los dos lados prohiben el paso? ¿Son los peatones o los coches los que están incumpliendo esta señal?


Esta señal ya hace que al caminante se le pongan los ojos como platos. Parece una frase típica de la selva o algo similar, pero hay que admitir que es cierto: en las obras de Jaén te puedes encontrar con casi cualquier cosa en casi cualquier lugar.


Esta foto ya me parece menos graciosa que las anteriores. Y no sólo por lo severo del mensaje, sino porque encima está medio caída y ocultada por los barrotes de la propia valla en la que se encuentra. Por el bien de todos espero que lo que reza el cartel no sea cierto (y sobre todo ahora, que está empezando a llover).


En esta foto ya empiezan a mezclarse la realidad y la socarronería. Mientras el recuadro de la izquierda, con su señal y su texto en amarillo sería completamente serio en cualquier contexto, la parte de la derecha ya nos invita a formar parte del show que son estas obras. Y, por tanto, nos invita a mantenernos en pie para poder contemplarlas en todo su esplendor en toda su decadencia.


Y por último, me encuentro con esta señal que define a la perfección el pensamiento de todos los jiennenses. Y es que de estas obras nadie conoce el plan de seguridad, las vías alternativas, ni la duración.

Lo único que sabemos al respecto es que estarán terminadas para antes de mayo. Así, los jiennenses que veremos nuestra calle más bonita que nunca, olvidaremos estos dos últimos años en los que hemos renunciado a la comodidad y a toda clase de turismo. Olvidaremos que hemos dado una imagen tercermundista de esta ciudad, y que hemos conseguido que quien la visite se lo piense muy mucho antes de volver. Olvidaremos las vueltas que hemos tenido que dar con el coche, si es que lo conseguimos sacar de la cochera. Olvidaremos cuánto nos ha costado llevar el carrito del bebé, la mochila del colegio, o la silla de ruedas de ese familiar que nos negamos a que pase meses recluido en su casa por obligación del ayuntamiento. Olvidaremos las grietas que han aparecido en los cimientos de nuestra casa, edificada hace sólo 5 años. Lo olvidaremos todo y correremos a dar nuestro voto al PP a Sánchez de Alcázar, porque Jaén habrá quedado precioso y eso es lo más importante.

Por eso mismo, y para que nadie olvide todo lo que hemos pasado (y lo que nos queda), yo propongo un nuevo modelo de placa para advertir de las obras. A ver qué os parece:


Actualización:

Bueno, parece ser que a alguna gente, como a Chusito, no le ha sentado bien la coña de las obras y se dedican a arrancar y romper los carteles. A mí, personalmente, más que una reivindicación política o vandalismo, me parece una especie de performance para conseguir que los jiennenses miremos más nuestra ciudad y seamos capaces de denunciar lo que se esté haciendo mal, lo haga el Ayuntamiento (arrejuntando todas las obras el último año), o lo haga la Junta de Andalucía (catalogando una infumable estación de autobuses como patrimonio artístico e impidiendo que salgamos del tercermundismo de infraestructuras).

En cualquier caso, me alegro de poder añadir una nueva imagen a esta peculiar galería. Sólo diré al respecto que más de una jiennense ha podido comprobar en sus carnes lo cierto de este cartel, y por ello el Ayuntamiento tiene un par de denuncias por esguinces o fracturas.


Por último, añadir como apunta Jesús Rafael, que estas obras son absolutamente necesarias para que Jaén deje de ser un pueblo grande. Lo único de lo que me quejo es de que se hagan todas a la vez y sin las medidas mínimas.

Graffiti y museos jiennenses

Viernes, 19 de Mayo de 2006

Normalmente me da mucha rabia ir paseando por Jaén y ver las fachadas de monumentos, las cortinas de establecimientos y las paredes de edificios infestadas de graffiti (si es que esas absurdas firmas ilegibles se pueden denominar graffiti).

Sin embargo, de vez en cuando, uno se encuentra con una pequeña obra de arte, que en lugar de ser perpetrada con nocturnidad y alevosía, se dibuja con el permiso del dueño de la pared en cuestión.

No hace mucho, se llevó a cabo una de estas experiencias en el Instituto Santa Catalina de Alejandría. El problema es que se hizo en el patio interior, por lo que la mayoría de la gente no pudo ver lo distinto que es dibujar con spray de garabatear sin ton ni son. Paradójicamente, en las paredes exteriores del insituto, una pintada grita el insulto de moda en las fachadas jiennenses: «ZP totalitario».


También en el Instituto Virgen del Carmen se realizaron dibujos en sus paredes. Pese a ser de brocha gorda, el resultado fue mejor. Sin duda, el mural más representativo de esta iniciativa fue el que representaba a Iqbal Mashib al más puro estilo Andy Warhol. Pero, de nuevo, las ganas de ilustrar de esos profesores y alumnos se chocaron con las ganas de joder (perdón, no hay otra palabra) de los que se dedicaban a escribir sobre masonería, nazismo y otras hierbas en esa misma fachada.

Ante ese tipo de perlas, uno se acuerda de esa mezcla entre muro de las lamentaciones y libro de firmas que era nuestro ya derruído Estadio de la Victoria. Cordobesistas, salmantinos, toledanos y hasta canarios, dejaban rastro de su paso por nuestra ciudad, ensuciando las paredes del estadio y, de paso, las de peritos, magisterio, las protegidas y cualquier otra que se interponía en su camino hacia el bar más cercano.

Cada vez que al pasar veía (y sigo viendo) las firmas de éste, de aquel y del de más allá, me acordaba (y me sigo acordando) de una sabia frase de mi padre que dice: «El nombre de los tontos en todos lados está escrito». Posiblemente, ahora estéis pensando en muchos otros tontos cuyo nombre también abunda por todas partes…

Y cuando uno ya pensaba que el hacer buenos dibujos con spray es algo que ya no se lleva, voy y me tropiezo con estos ojos azules.


Y me digo, coño, pero si me están mirando. Y parece que quieren decirme algo. Quieren que los mire. Quieren que vea que el arte urbano no ha muerto, que sólo está adormecido, ocultado por hordas de quinquis cuyo único propósito en la vida (aparte de pillar cacho y de pillar, a secas) es que su nombre perdure pese a no hacer nada para merecerlo.

Como es lógico, me pregunto qué hace esto aquí, y enseguida me doy cuenta de que no es más que una inteligente estrategia para acercar el Día Internacional de los Museos a esa gente que hasta ignora que en la ciudad del viento tenemos museos. Y digo lo de inteligente estrategia porque me parece tan buena como escribir un libro narrativamente malo pero entretenido para conseguir que hasta el más reacio a la lectura intente descubrir de qué va eso de una letra detrás de otra. Aunque Dan Brown no es precisamente un filántropo y seguro que sus intenciones no eran tan didácticas, sino más bien económicas, digo yo.

Bueno, que me desvío del tema. Lo que quería decir con todo este rollo es que me alegro de que, poco a poco, haya gente que apueste por un graffiti inteligente, en lugar de esos a los que estamos acostumbrados.


¡Ah, y feliz Día Internacional de los Museos a todos!

Reventar como el lagarto de Jaén

Viernes, 5 de Mayo de 2006

Muchos de vosotros conoceréis el famoso dicho de que «ojalá revientes como el lagarto de Jaén». Lo que pocos sabrán es que ayer quizá estuvimos cerca de cumplir con el dicho popular.

Bajaba yo a clase cuando vi las obras (¿obras en Jaén? ¡venga ya!) que se están realizando entre el párking de la UJA, el edificio A-4 y la calle de Ben Saprut.

Lo primero que vi fue a los obreros en mitad de la calle, charlando airadamente. Mi primera conclusión fue: Ya están éstos vagueando.

Conforme me acercaba al A-4, escuché a uno de ellos decir «Hoy no se arranca ni un camión, ¿entendido?», por lo que mi conclusión anterior se reforzó: Ya están éstos vagueando. Fijo que están de huelga.

Al pasar a su lado, escuché a otro que comentaba «La tubería va por debajo de la calle, y la llave de paso digo yo que estará allí arriba» (señalando hacia Cuétara). En ese momento deduje que me había equivocado de conclusión, aunque seguía siendo muy española: Ya se han cargado éstos una tubería del agua.

Pero el matiz importante lo pillé al pasar ya junto al A-4, donde noté un extraño olor. Además, se acercaban dos tías fumando (a las 9 de la mañana, que ya hay que tener estómago) y les suelta uno de los obreros: «Niña, apagad los cigarros que hay un escape». Mientras las muy lerdas salían casi corriendo calle arriba, me di cuenta de que sólo había errado la última palabra en mi última deducción: ¡Ya se han cargado éstos una tubería del gas!

Y a ver quién se queda tranquilo en clase sabiendo que a 10 metros hay un escape de gas… Al final vinieron la poli y los bomberos, acordonaron la zona y parece ser que no hubo más problemas. Lo que manda huevos es que primero nos expongan a un peligro por culpa de esos incompetentes, y encima que ni siquiera avisen a nadie de la Universidad por si hubiera que desalojar, ya que no era muy lógico seguir dando clases justo al lado del escape.

Así que les dedico esta última frase a todos los que se dedican a hacer hoyos por todo Jaén y se cargan lo que otros hicieron antes, al igual que a los que hicieron los hoyos anteriores y no colocaron las cosas en su sitio: OJALÁ REVENTÉIS COMO EL LAGARTO DE LA MALENA.

Corazón de melón de primavera

Lunes, 17 de Abril de 2006

Al final no hubo que usar la B12, pero lo importante es que íbamos preparados para cualquier contratiempo.

Tras dar nuestra última clase prevacacional, comenzó la Operación Mercadona, cuyo primera misión consistía en trasladar un carro de guerra desde el piso franco de Cristina a la base rebelde, atravesando territorio enemigo.

Ya en el cuartel general, el siguiente paso de la operación consistía en conseguir provisiones de combustible y maquinaria. Servidor se ofreció para tan dura prueba y, sin sufrir rasguño alguno, logré llegar a la base con 8 litros de motxolina y una máquina de tortura trituradora.

Teníamos presos a tres insurgentes cucurbitáceos, que se negaron a declarar, por lo que fueron triturados y mutilados, hasta presentar un aspecto como éste:


Paseamos sus cabezas redondas e inertes sobre nuestro carro de guerra, para advertir a la población civil de quién tenía el mando. Sin embargo, quizás por este exceso de peso, nuestro tanque perdió movilidad, por lo que varios de nuestros soldados tuvieron que echar pie a tierra y empujar con fuerza, hasta que por fin llevamos el carro hasta la posición del general Felipe Arche, donde nos esperaban refuerzos.

Descendimos por terreno escarpado, temiendo por la integridad de nuestro tanque, hasta llegar al campo de batalla. Cruzamos cautelosamente el arco y nos situamos entre varios grupos de soldados que, a primera vista, no pudimos deducir si eran hostiles o aliados. Tras verificar el terreno, recibimos órdenes estrictas de abastecer cada unidad de asalto con suficiente motxolina para hacernos fuertes en torno a nuestro tanque, ya que todos nuestros víveres se encontraban en él.


A partir de aquí todo se vuelve confuso. Probablemente nuestros enemigos, conocedores de nuestra dependencia al combustible, incluyeron en la motxolina alguna sustancia dopante para ejercer sobre nosotros un control mental, ya que ninguna otra hipótesis explicaría nuestro comportamiento a continuación.

Lo primero a lo que fuimos inducidos fue a ingerir la denominada vodkatina, sustancia que se obtiene directamente del cerebro de los primates y que nadie en su sano juicio engulliría, conociendo sus propiedades psicotrópicoafrodisiacas.


Sin duda, la brutal mezcla de la motxolina con la vodkatina, nos causó un estado alucinatorio en el que vimos cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orión. Vimos rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser. Todos esos momento se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia… También nos pareció ver a Ortiz, Moyano y Sutil, pese a ser imposible dado que los profesionales del Real Jaén nunca acudirían a tan peligroso escenario. Incluso, dentro de nuestro delirio, creímos ver a Juan y Medio con un sombrero de mariachi…


Al final, no hubo que lamentar bajas en nuestras tropas, aunque el panorama era desolador. El ejército enemigo aprovechó nuestra indisposición para bombardear sin piedad el campo de batalla de La Vestida, dejando gran cantidad de víctimas civiles a su paso. Algunos perecieron mientras realizaban tareas tan cotidianas como darse un baño. Dios los acoja en su gloria.


Viendo el resultado final de esta escaramuza, sólo podemos sacar una clara conclusión: EL AÑO QUE VIENE TENEMOS QUE DUPLICAR NUESTRA ENERGÍA.

Pd: otra versión de los hechos