Archivo del 19 de Mayo de 2006

Graffiti y museos jiennenses

Viernes, 19 de Mayo de 2006

Normalmente me da mucha rabia ir paseando por Jaén y ver las fachadas de monumentos, las cortinas de establecimientos y las paredes de edificios infestadas de graffiti (si es que esas absurdas firmas ilegibles se pueden denominar graffiti).

Sin embargo, de vez en cuando, uno se encuentra con una pequeña obra de arte, que en lugar de ser perpetrada con nocturnidad y alevosía, se dibuja con el permiso del dueño de la pared en cuestión.

No hace mucho, se llevó a cabo una de estas experiencias en el Instituto Santa Catalina de Alejandría. El problema es que se hizo en el patio interior, por lo que la mayoría de la gente no pudo ver lo distinto que es dibujar con spray de garabatear sin ton ni son. Paradójicamente, en las paredes exteriores del insituto, una pintada grita el insulto de moda en las fachadas jiennenses: «ZP totalitario».


También en el Instituto Virgen del Carmen se realizaron dibujos en sus paredes. Pese a ser de brocha gorda, el resultado fue mejor. Sin duda, el mural más representativo de esta iniciativa fue el que representaba a Iqbal Mashib al más puro estilo Andy Warhol. Pero, de nuevo, las ganas de ilustrar de esos profesores y alumnos se chocaron con las ganas de joder (perdón, no hay otra palabra) de los que se dedicaban a escribir sobre masonería, nazismo y otras hierbas en esa misma fachada.

Ante ese tipo de perlas, uno se acuerda de esa mezcla entre muro de las lamentaciones y libro de firmas que era nuestro ya derruído Estadio de la Victoria. Cordobesistas, salmantinos, toledanos y hasta canarios, dejaban rastro de su paso por nuestra ciudad, ensuciando las paredes del estadio y, de paso, las de peritos, magisterio, las protegidas y cualquier otra que se interponía en su camino hacia el bar más cercano.

Cada vez que al pasar veía (y sigo viendo) las firmas de éste, de aquel y del de más allá, me acordaba (y me sigo acordando) de una sabia frase de mi padre que dice: «El nombre de los tontos en todos lados está escrito». Posiblemente, ahora estéis pensando en muchos otros tontos cuyo nombre también abunda por todas partes…

Y cuando uno ya pensaba que el hacer buenos dibujos con spray es algo que ya no se lleva, voy y me tropiezo con estos ojos azules.


Y me digo, coño, pero si me están mirando. Y parece que quieren decirme algo. Quieren que los mire. Quieren que vea que el arte urbano no ha muerto, que sólo está adormecido, ocultado por hordas de quinquis cuyo único propósito en la vida (aparte de pillar cacho y de pillar, a secas) es que su nombre perdure pese a no hacer nada para merecerlo.

Como es lógico, me pregunto qué hace esto aquí, y enseguida me doy cuenta de que no es más que una inteligente estrategia para acercar el Día Internacional de los Museos a esa gente que hasta ignora que en la ciudad del viento tenemos museos. Y digo lo de inteligente estrategia porque me parece tan buena como escribir un libro narrativamente malo pero entretenido para conseguir que hasta el más reacio a la lectura intente descubrir de qué va eso de una letra detrás de otra. Aunque Dan Brown no es precisamente un filántropo y seguro que sus intenciones no eran tan didácticas, sino más bien económicas, digo yo.

Bueno, que me desvío del tema. Lo que quería decir con todo este rollo es que me alegro de que, poco a poco, haya gente que apueste por un graffiti inteligente, en lugar de esos a los que estamos acostumbrados.


¡Ah, y feliz Día Internacional de los Museos a todos!