Archivo del 17 de Abril de 2006

Corazón de melón de primavera

Lunes, 17 de Abril de 2006

Al final no hubo que usar la B12, pero lo importante es que íbamos preparados para cualquier contratiempo.

Tras dar nuestra última clase prevacacional, comenzó la Operación Mercadona, cuyo primera misión consistía en trasladar un carro de guerra desde el piso franco de Cristina a la base rebelde, atravesando territorio enemigo.

Ya en el cuartel general, el siguiente paso de la operación consistía en conseguir provisiones de combustible y maquinaria. Servidor se ofreció para tan dura prueba y, sin sufrir rasguño alguno, logré llegar a la base con 8 litros de motxolina y una máquina de tortura trituradora.

Teníamos presos a tres insurgentes cucurbitáceos, que se negaron a declarar, por lo que fueron triturados y mutilados, hasta presentar un aspecto como éste:


Paseamos sus cabezas redondas e inertes sobre nuestro carro de guerra, para advertir a la población civil de quién tenía el mando. Sin embargo, quizás por este exceso de peso, nuestro tanque perdió movilidad, por lo que varios de nuestros soldados tuvieron que echar pie a tierra y empujar con fuerza, hasta que por fin llevamos el carro hasta la posición del general Felipe Arche, donde nos esperaban refuerzos.

Descendimos por terreno escarpado, temiendo por la integridad de nuestro tanque, hasta llegar al campo de batalla. Cruzamos cautelosamente el arco y nos situamos entre varios grupos de soldados que, a primera vista, no pudimos deducir si eran hostiles o aliados. Tras verificar el terreno, recibimos órdenes estrictas de abastecer cada unidad de asalto con suficiente motxolina para hacernos fuertes en torno a nuestro tanque, ya que todos nuestros víveres se encontraban en él.


A partir de aquí todo se vuelve confuso. Probablemente nuestros enemigos, conocedores de nuestra dependencia al combustible, incluyeron en la motxolina alguna sustancia dopante para ejercer sobre nosotros un control mental, ya que ninguna otra hipótesis explicaría nuestro comportamiento a continuación.

Lo primero a lo que fuimos inducidos fue a ingerir la denominada vodkatina, sustancia que se obtiene directamente del cerebro de los primates y que nadie en su sano juicio engulliría, conociendo sus propiedades psicotrópicoafrodisiacas.


Sin duda, la brutal mezcla de la motxolina con la vodkatina, nos causó un estado alucinatorio en el que vimos cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orión. Vimos rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser. Todos esos momento se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia… También nos pareció ver a Ortiz, Moyano y Sutil, pese a ser imposible dado que los profesionales del Real Jaén nunca acudirían a tan peligroso escenario. Incluso, dentro de nuestro delirio, creímos ver a Juan y Medio con un sombrero de mariachi…


Al final, no hubo que lamentar bajas en nuestras tropas, aunque el panorama era desolador. El ejército enemigo aprovechó nuestra indisposición para bombardear sin piedad el campo de batalla de La Vestida, dejando gran cantidad de víctimas civiles a su paso. Algunos perecieron mientras realizaban tareas tan cotidianas como darse un baño. Dios los acoja en su gloria.


Viendo el resultado final de esta escaramuza, sólo podemos sacar una clara conclusión: EL AÑO QUE VIENE TENEMOS QUE DUPLICAR NUESTRA ENERGÍA.

Pd: otra versión de los hechos